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Calle, danzas y comparsas. Por: MOISES PINEDA SALAZAR- En los inicios de este siglo, en 1829, cuando apenas se asentaban las bases de la Nueva República de Colombia, un viajero norteamericano, llamarse Renssenlaer Van Renssenlaer viniendo de Cartagena donde había residido, arribó a nuestra ciudad en busca de fortuna camino al interior del país. Atinó hacerlo en los días del Carnaval. Desde los montes vecinos se escuchaba el tam- tam de los bailes de negros y las músicas de indios “que siempre son lo mismo”. Lo que vio por los alrededores de La Ciénaga,  lo llevó a dudar de si estaba presenciando una ceremonia religiosa o un ritual pagano.

Danzas de Carnavales antiguamente

Barranquilla. Danzas Antiguas. Tal el desconcierto que le causaron los nativos que vestían trajes antiguos profusamente adornados con plumas y que tocaban sus instrumentos de existencia ancestral. Igual la impresión que le produjo el sonido de las “flautas de tres pies de largo” que ambientaban unas danzas que se desarrollaban sistemática y regularmente. Y, en medio del baile, por momentos surge el tono familiar de un grito de guerra, especialmente profundo, que hace renacer ecos ancestrales que desatan el frenesí entre los danzantes. La primera de aquellas flautas  tiene cuatro huecos para colocar los dedos y “produce un aire melodioso, salvaje y alegre que la gente adora en exceso”. La otra, no tiene sino uno o dos huecos para los dedos y “con una calabaza llena de granos se utiliza para la segunda persona como acompañante de la primera”.

Don Carnal y Doña Cuaresma

Combate de Don Carnal y Doña Cuaresma. Desde siempre, las danzas para esta música, al paso, de los días y en el último dellos, como se viene ocurriendo, terminan en una verdadera batalla en las que se alinean los nativos originarios y primeros dueños de estas tierras en un bando, y en el otro los que se aliaron con los conquistadores para sojuzgarlos y esclavizarlos. Tal el origen de “La Conquista” del martes del Carnaval que, como ya se dijo en otro remitido, este año fue prohibida por el Señor Alcalde Martínez Aparicio, no por los daños en cercados cuyos elementos se transforman en lanzas y macanas que producen creciente número de heridos y contusos, sino por respeto al luto generalizado. Cuán distinto era aquel festejo que el viajero veía en Barranquilla, de las fiestas del Carnaval que vivió en Cartagena algunos años atrás y ambos eventos de aquellos que había podido a ver en otras partes del mundo. Quizás a causa de la llegada de familias y trabajadores desde Cartagena, que a todas luces se empobrecía y menguaba en tanto que Sabanilla la desplazaba, fue en 1888 cuando los grupos de danzas del pueblo invadieron las calles de la Ciudad al son del tambor y de la gaita con “Porros” y “Currulaos”, tal como acontecía en los carnavales cartageneros en donde no se permiten fiestas privadas y los bailes y disfraces desbordan las plazas públicas de la llamada “Plaza Fuerte”, la Carnavales de Cartagena-España.

Celebres carnavales de España

Ciudad Amurallada y en extramuros las callejas de Getsemaní, desde luego de Misa al mediodía del domingo hasta la alborada del miércoles de ceniza y que debieron traer a la memoria del Privilegiado Contratista y patrono de las obras del ferrocarril, del muelle en Cupino y sus anexos, Don Francisco Javier Cisneros, los días de adversivos y repugnantes Mamarrachos, de tiznados en las fiestas de San Juan, San Pedro, Santa Cristina, Santiago y Santa Ana;  los Cabildos de Nación, las Tumbas y las comparsas; los bastoneros, los valses, la Sopimpa y otras  contradanzas y rigodones de los bailes de mascaradas que se daban en el caluroso estío de su natal Santiago de Cuba. Al igual que en Cartagena y en Cuba, algunas de tales danzas llegan a tener a doscientos y pico de personas sin que tales “Fandangos de Negros”, de “Los Indios”, de “Los Indios Chimilas” o de “Los españoles”, varíen de un año al otro. Esta, la nuestra, de “Los Indios” no es una danza nativa de los Taironas como se dice, los cuales habitaban las alturas de la Sierra Nevada  de Santa Marta. No formaron con ellos pueblos los españoles y desaparecieron sin dejar rastro de esa especie de bailes y menos de danzas. Es creencia que estas fueron danzas compuestas por los conquistadores para atraer a los Chimilas, parcialidad belicosa que poblaba las partes bajas desde los que es hoy La Ciénaga hasta las laderas fronterizas de Mompóx, donde existían los Indios Chilloas, limítrofes con los Tamalameques.  

Las Cucambas

Danza de Cucambas. Según descripción del Padre ´Pedro María Revollo. Viniendo desde San Juan de la Ciénaga llegaron “Las Cucambas”, “Los Coyongos” y “La Madre Tierra”, danzas que en un principio tenían un fin religioso. Iban por delante en la procesión del Corpus Christi haciendo adoraciones al Santísimo Sacramento dando a entender que todas las criaturas, hasta las irracionales, deben adorarle. Las Cucambas vestían de la cintura para abajo  unas enaguas anchas hechas de palma de vino, que cuando bailaban revoleaban, y si se agachaban se esponjaban como hace el ave cucamba, cual la he visto bailar provocada por una mujer. En el resto del cuerpo lo cubría con una camiseta de franela, recamada de plumas, calzaban guantes blancos, hechos de calcetines o medias calcetas, y cubrían el rostro con una máscara que semejaba el ave con su fuerte pico. Danzaban al son de un tamboril, de la melodía de una gaita larga y llevaban este estribillo: “Cucambambambam, pico perico”. Y no puede faltar la política en el Carnaval. Francisco Javier Cisneros. Tema de Comparsa: El Maltrato a los esclavos en Cuba. En el del año pasado, se le siguió dando continuidad a la comparsa que en 1882 se presentó pintando a lo vivo, la manera bárbara como son tratados los negros en Cuba. La iniciativa fue del Cubano Manuel del Valle, quien representó el papel de Antonio el mayoral. Valle  a veces cantaba y bailaba acompañándolo en coro las negritas y los negritos. Uno se sentía transportado el Centro del África, contemplando tantos desgraciados a quienes su mala estrella los habría de conducir a La Perla de las Antillas, para soportar el despotismo de un amo y los azotes de un mayoral. Esa vez se contó con el apoyo del empresario del Ferrocarril, conocido como un patriota que había luchado en las guerras como Jefe de Mar a la cabeza de fuerzas expedicionarias en contra de los españoles que ocupaban La Isla: “no puede haber Independencia Cubana con esclavitud” cerraba la parodia que dejaba marcas indelebles en el alma de los espectadores que no dudaban en contribuir con los clubes patrióticos por la Independencia de Cuba que funcionaban en Barranquilla.

 El Resucitado

Deben saber los lectores que en Barranquilla los bailes  de máscaras continúan los jueves, sábados y domingos de las dos primeras semanas de la Cuaresma, y el último de estos es “El de la Piñata” que se celebra en la tarde del Domingo de Resurrección. La piñata consiste en una vasija de barro forrada de papel color y con cintas multicolores; está llena de dulces y con palomas blancas adentro. Los caballeros elegidos para romperla van vendados, blandiendo un palo, al que logra despedazarla le toca ofrecer  el baile de máscaras por la Pascua Florida de Resurrección. Se nos vino el martes de carnaval. El año pasado al llegar el último de los tres días de licencia y jolgorio en los que no hubo ningún acontecimiento desagradable que lamentar, fue de elogiar la conducta del joven alcalde,  hoy recién casado y retirado del cargo- Señor Gabriel Martínez Aparicio- que recorría a caballo la ciudad, evitando disgustos y procurando la mayor armonía en el pueblo, para lo cual obsequió a dos danzas rivales una bandera blanca con el hermoso letrero de UNION, la que fue recibida con demostraciones de regocijo por la muchedumbre agradecida con un Alcalde que, además de imaginación y una cierta dosis de cinismo,  probó tener tolerancia, disposición y amor por los habitantes de esta población,  aunque siempre mostró animadversión contra el Empresario del tranvía, el antes mencionado Francisco Javier Cisneros, que ya había empezado a tender los rieles según el contrato que Abello le había cedido. Este año, no habiendo Conquista, nada hay que evitar, ni banderas que entregar. Pareja de Disfrazados. Arlequín y Colombina.

Cuadro pintura donde se muestra el Arlequín

Mañana miércoles algunos disfraces y danzas irán a la iglesia de San Nicolás a tomar ceniza. El ritual es como sigue: los Indios Bravos amanecen en sus chozas en el norte por los lados de Monigote, o sea a la salida del antiguo camino de debajo de Soledad,  también por los lados de “La Caimanera”. Los Piratas se dirigen a buscar a Los Indios y al ser descubiertos estos, aquellos les hacen juego y huyen, pero son alcanzados por sus perseguidores y capturados, los amarran con cintas de diferentes colores para llevarlos a tomar la ceniza. Hemos terminado los tres días de carnaval y con ellos la locura y la anormalidad de todas las personas.

De polvo vienes…

La campana llamará a los fieles, y la palabra del padre Carlos Valiente, recordará a la humanidad que fue formada con el polvo de la tierra, y que a esta debe volver. Y, ¿a quién le importa?, me digo mientras comienzan a escucharse las primeras polkas del último día del carnaval de 1890 en el Club Barranquilla sito en la esquina que hace este callejón del Mercado con la calle Ancha. Así acostumbramos  terminar la temporada carnestoléndica en Barranquilla.  Pero no, decimos mal, el carnaval no acaba, pues el mundo no es otra cosa que una perpetua carnestolenda, donde cada cual se presenta con la máscara que mejor le sienta. REMITIDO. Marzo 30 de 1890. Siempre ocurre que las pestes influyen en el carnaval y en sus prórrogas como en este año cuando el último de los bailes de prórroga debió tener lugar desde el día 2 de Marzo; pero acontecimientos desgraciados, que han conmovido esta ciudad, lo vinieron transfiriendo hasta el 23, que fue cuando se llevó a cabo. Aunque la concurrencia no fue tan numerosa como en las otras ocasiones, este baile del 23 creemos que es el que más lúcido ha quedado, pues aunque faltó allí la animada algarabía de las máscaras, hubo en cambio esa seriedad de buen tono, característica de los bailes de rigurosa etiqueta. Así fue en efecto el baile del que nos ocupamos, pues las damas que a él concurrieron, compitieron en lujo, en riqueza y elegancia y los caballeros, todos, vistieron de frac, y calzaron guante blanco. Cuánta diferencia con lo ocurrido en aquel baile de prórrogas de carnaval de hace algunos años cuando las damas a él invitadas tuvieron a bien, no asistir. Ocuparon su lugar caballeros con trajes femeniles. Habrase visto algo de gusto tan vulgar y ordinario. “A falta de pan… buenas son tortas” dirán los que encuentren explicación a este desaguisado. Fotos de Internet.

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Fabio Ortiz

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18 thoughts on ““EL CARNAVAL EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA” (IV)

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